
La ciudad también la hacen los pequeños detalles. O grandes, según se mire. La imagen está tomada desde la Plaza Mayor hacia la calle Jesús, como puede reconocerse con facilidad. Pero ahora hay algo que falla. Aparte de otro edificio enfermo de fachadismo que se ve algo más allá (a la altura de la Plaza de la Rinconada), el magnífico e inmenso pórtico de la iglesia de San Benito, por detrás, aparece parcialmente tapado por una especie de paredón escalonado. Hasta hace poco se veía entero todo el arco superior, destacando por encima de los ahora inexistentes tejados de las viviendas. Esta perspectiva, que existe desde que se construyó el Ayuntamiento y que llega a percibirse desde el cruce de la calle Santiago con Constitución, ha sido modificada drásticamente por una edificación moderna, que para más inri albergará la sede de la Sociedad Municipal de Suelo y Vivienda; y el arquitecto que ha realizado el proyecto trabaja como restaurador de importantes monumentos, lo que no sé si es mayor agravante. Quizás pocas personas reparan en estas cosas, pero el paisaje urbano de las ciudades no sólo lo conforman los edificios, sino también las relaciones visuales entre ellos, las comparaciones de tamaños, las escalas y la propia percepción de los habitantes. Nuestro paisaje urbano, en un punto tan importante como este, ha cambiado de forma irremediable (a peor, según mi humilde opinión). Es cierto que se trata de algo inmaterial, muy difícilmente valorable, pero, como suele decirse, no sólo de pan vive el hombre. Seguro que una ciudad bonita nos ayudaría a vivir más a gusto.